Ante esta situación, los comuneros organizados exigían a la primera autoridad municipal a que pueda disponer presupuesto para la habilitación de un campo deportivo para la práctica del deporte y que los jóvenes no se dedicaran a otros menesteres.
Cesar Ayvar no lo pensó dos veces e inmediatamente dispuso el inicio de los trabajos enviando la maquinaria pesada y en una semana se ejecutó la habilitación del estadio monumental para beneplácitos de jóvenes y la población de la comunidad de Carhuyacu Bajo.